Cuando se habla de burnout, la imagen mental suele ser la de alguien exhausto físicamente. Pero psicólogos laborales señalan que una de las formas más comunes hoy es el 'burnout silencioso': la persona sigue funcionando, cumple con sus tareas, pero pierde motivación, se vuelve más irritable y empieza a sentir una distancia emocional con su trabajo y sus relaciones.

Entre las señales tempranas están la dificultad para concentrarse en tareas que antes eran sencillas, la sensación de estar “en automático”, y un cinismo creciente hacia el trabajo o las personas con las que se convive a diario.

La recomendación no es esperar a la crisis para actuar: poner límites claros de horario, recuperar pausas reales durante el día y hablarlo abiertamente con jefes o colegas de confianza suele ser más efectivo que intentar 'aguantar' hasta las vacaciones.