En un cruce muy transitado de la ciudad de Hangzhou, en China, hay un robot de 1.88 metros capaz de detectar a un ciclistas que circulan sin casco, emitir advertencia educada y mover sus brazos mecánicos al ritmo de los semáforos; es una suerte de policía de tránsito que no lleva arma ni tiene facultad para detener a nadie.

Para cumplir con sus funciones, los modelos de humanoides T2 utilizan cámaras, radares y sistemas informáticos que tienen integrados y que les permiten identificar a ciclistas sin casco, bicicletas eléctricas que llevan algún pasajero, vehículos que se detienen sobre las líneas de señalización y peatones que cruzan en rojo, según explicó en una entrevista Cao Hui, directivo de Supcon.