El ayuno intermitente —comer dentro de una ventana de tiempo reducida durante el día— se mantiene como una de las estrategias de alimentación más populares, pero la evidencia científica acumulada en los últimos años ha matizado varias de sus promesas iniciales.
Los beneficios mejor respaldados siguen siendo la pérdida de peso y algunas mejoras en marcadores metabólicos, resultado principalmente de comer en una ventana más corta y, en consecuencia, consumir menos calorías en total — no de un efecto mágico del ayuno en sí mismo.
Nutriólogos coinciden en que no es una estrategia adecuada para todas las personas por igual, y recomiendan evaluarla con un profesional de la salud antes de adoptarla, especialmente en personas con antecedentes de trastornos alimenticios o condiciones metabólicas preexistentes.