Cuando dos investigadoras y un estudiante de bachillerato comenzaron en 2023 a analizar en Panamá al sargazo como parte de un proyecto escolar no tenían ni la más remota idea que descubrirían que esta macroalga, convertida en una pesadilla para el turismo en el Caribe y en un riesgo ambiental, es una prometedora respuesta contra la forma más potencialmente letal de la malaria.

Los compuestos del alga lograron inhibir significativamente el crecimiento del parásito Plasmodium falciparum, el causante de la malaria cerebral, una de las formas más peligrosas de la enfermedad, explicó Lorena Coronado, doctora en Biotecnología.

Coronado dijo que la “sorpresa más bonita fue que el sargazo no era tóxico, no estaba matando a las células sanas, pero sí estaba siendo muy activo contra el parásito que provoca la malaria más letal”.