Por CATÓN.

Porcentajes

         “La recámara, la sala y la cocina”. Esa enumeración le hizo la recién casada a su flamante maridito. Y añadió en tono terminante: “Sólo seré buena en uno de esos tres lugares. Escoge”. (Te recomiendo, desposado, que escojas conforme al dicho campirano: “Que sea buena pa’l petate, aunque sea mala pa’l metate”)… El granjero le dijo a Babalucas, a quien el día anterior había contratado: “Toma el banquito y la cubeta y ve a ordeñar a la vaca”. El badulaque tardó mucho en regresar. Explico: “Ordeñar a la vaca fue muy fácil. Lo difícil fue lograr que se sentara en el banquito”… Doña Panoplia, dama de buena sociedad, reprendió a la joven y linda mucama de la casa: “Es el tercer plato que rompes este mes. Te lo voy a rebajar de tu sueldo”. “No es justo –protestó con enojo la muchacha–. Este mes su marido me ha roto dos blusas, un fondo y tres pares de medias, y a poco yo se los ando cobrando”. (Nota. Y apenas está empezando el mes)… Para quienes tienen ocupado el aposento de arriba, o sea para aquellos que tienen seso en la sesera, las matemáticas son un gozo accesible. En cambio para mí, falto de caletre, la ciencia de los números constituye una tortura. No ignoro que el mundo de las matemáticas es armonioso, y aun bello. Muy cerca está ese mundo de otros dos universos que disfruto grandemente: el de la música y el del ajedrez. Pero tuve la desgracia de caer bajo la férula de malos profesores, y me son ajenos entonces los deleites que del manejo de los guarismos se derivan. Recuerdo todavía con pavor lo mucho que sufrí para aprender a sacar el por ciento de una cantidad. Ahora esa operación la puede hacer en fracciones de segundo una calculadora de un dólar. (También con las fracciones batallé bastante). Sin embargo el por ciento era para mí enigma inescrutable, misterio más misterioso que los de la fe. Me acontecía –me acontece aún– lo que a aquel tipo que en la calle vendía lápices, y decía que en su venta ganaba el 3 por ciento. Precisaba: “Compro cada lápiz a un peso, y lo vendo a 3 “. Sin saberlo aplicaba el viejo dicho de los antiguos comerciantes: “Peso que no da tres, pa’ qué es”. Todo esto viene a cuento para decir que acabo de enterarme de algo estremecedor, yo, que ya no estoy para estremecimientos. Según datos confiables, el 30 por ciento del territorio nacional está controlado por la delincuencia. Hay estados donde el 70 por ciento de los municipios son manejados por los criminales. Esos porcentajes sí los entiendo, y entiendo también que en esas zonas no rige la soberanía nacional, tan cantada y decantada por el vocerío gubernamental. La verdad es que López Obrador entregó el país a los malosos, que se aprovecharon de la pacata, mojigata y timorata política de los abrazos para crecer, fortalecerse y gobernar en vastas regiones donde ahora priva la ingobernabilidad. Mal gobernante fue, no cabe duda, el cacique de la 4T. Y eso en un 100 por ciento… Exactamente a los 9 meses de casada la joven esposa dio a luz mellizos. Luego de los cuidados respectivos el médico que atendió el parto se dispuso a retirarse. El marido lo detuvo: “Espere un poco, doctor. Si esto es como hace 9 meses, después de un descanso de 15 minutos vendrá otra tanda de dos”... En la oscuridad del autobús de pasajeros Tirilita y Loretela, guapas chicas, entablaron una conversación muy sugestiva. Una le preguntó a la otra: “¿Te irías a la cama con un hombre por 100 mil pesos?”. “Claro que sí”. “Yo lo mismo. ¿Y por 50 mil?”. “También”. “Yo igualmente. ¿Y por 25 mil”. Se oyó en la sombra la voz de un pasajero: “Cuando lleguen a 500 pesos me despiertan”… FIN.