Por Armando FUENTES AGUIRRE.

        El viajero llega a Coatepec, en Veracruz, y cumple dos promesas que a sí mismo se hizo.

        Busca primero un sitio acogedor –acogedor, para él, significa solitario y silencioso– y se toma un café. El café que se da en Coatepec figura entre los mejores que en cualquier parte del planeta se pueden degustar.  

Luego el viajero va a la casa donde vivió María Enriqueta. Poeta de finos matices, mujer sensible y culta, escribió un libro que el viajero conoció cuando niño: “Rosas de la infancia”. La escritora fue esposa de Carlos Pereyra, historiador saltillense autor de numerosos libros en los cuales exaltó la obra de España en México y el mundo. Cuando murió en Madrid ese hombre extraordinario su viuda hizo embalsamar el cuerpo y lo llevó por barco y tren hasta Saltillo, donde reposa en la Rotonda de los Coahuilenses Distinguidos.

         El viajero ha cumplido sus dos peregrinaciones. Cuando sale de Coatepec lo acompañan un recio aroma de café y un vago perfume de rosas de la infancia.  

         ¡Hasta mañana!...