Por CATÓN.

Termimó el consabido trance erótico en la habitación número 210 del Motel Kamawa, y ella le dijo a él: “Si fueras un caballero no me habrías traído a este lugar”. Ripostó él: “Y si tú fueras una dama no me habrías cobrado”. (Con mucha razón don Chu –no Chuy-, orador pueblerino al estilo Castelar, empezaba sus discursos con la fórmula usual: “Damas y caballeros”, pero añadía luego: “Si lo sois”)… Pepito y su mamá fueron al zoológico. “¡Mira! –exclamó el chiquillo señalando al orangután–. ¡Igualito que el tío Picio!”. La señora lo reprendió: “No digas eso”. “¿Por qué no? –replicó Pepito–. El orangután no entiende; no se va a ofender”. (Al día siguiente el tío Picio pasó por ahí, y el orangután le pidió: “¨Preséntame a tu abogado, manito, a ver si a mí también me saca de aquí”)… Doña Panoplia de Altopedo, mujer de sociedad, amaneció de buen humor esa mañana, y traviesamente le tapó los ojos por detrás a Menegilda, la joven y atractiva mucama de la casa. Dijo ella: “Orita no, señor. Por ai anda la señora”… México es un país pobre. México es un país rico. Las dos afirmaciones son verdad, y hacen nugatorio el axioma según el cual una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo. Un momentito, por favor. Voy a ver qué es eso de “nugatorio”. Define el diccionario: “Nugatorio. Que burla el juicio que se tenía hecho”. En efecto, no hay contradicción alguna: México es rico y pobre a la vez. Rico, por sus inmensas riquezas naturales, que hicieron comparar alguna vez su figura en el mapa con el mitológico cuerno de la abundancia. (La abundancia se fue; nos quedó el cuerno). Y nuestro país es pobre no sólo porque son pobres la mayoría de sus habitantes, sino también porque sufrimos pobreza en educación, salud, economía, justicia, seguridad, buen gobierno, democracia, etcétera, etcétera y etcétera. La ridículamente llamada 4T predica austeridad republicana, y se da baños de pobreza, pero quisiera yo saber –¡qué de cosas quisiera yo saber!– cuánto está costando la inútil y dispendiosa gira que por las entidades de la República lleva a cabo la señora Sheinbaum para presentar y representar su segundo informe de gobierno. Los estados deben cubrir el costo de su visita; de los acarreos que por fuerza se han de hacer a fin de apapacharla, y tienen que pagar también los gastos de todo orden y desorden que ocasiona su presencia. Tentación siento de equiparar esto con la tía rica que visita a sus parientes pobres, los cuales se ven en la necesidad de agasajarla para ver si luego obtienen de ella algunos dones, por no decir limosnas. País rico, sí, y al mismo tiempo país pobre. Se jodió el axioma… La secretaria del Lic. Ántropo, abogado de divorcios, le contó, orgullosa: “Hice mi buena obra del día, licenciado. Una pareja de casados venía a divorciarse. Les dije lo que cobra usted, y eso bastó para que se reconciliaran”… El paciente del doctor Duerf, psiquiatra, le manifestó: “Gracias, doctor, por haberme curado de mi delirio de grandeza. A partir de hoy le pertenece la mitad de mi reino”… El novio de Glafira, la hija de don Poseidón, le solicitó al rico granjero la mano de su hija. El papá de la muchacha le indicó, severo: “Mi respuesta, joven, depende de su situación económica”. “¡Qué coincidencia, señor! –exclamó el galancete–. ¡Mi situación económica depende de su respuesta!”… Doña Macalota entró a su casa con una amiga suya. En el sillón grande de la sala estaba don Chinguetas, su marido, yogando desaforadamente con una desconocida. Doña Macalota le comentó a su amiga: “Lo que más me molesta es que siempre me da una explicación que me parece lógica”… FIN.