Por Armando FUENTES AGUIRRE.
Un hombre se puso a construir un puente en el desierto. Le decían todos:
–Estás loco. Los puentes son para cruzar los ríos, y en el desierto no hay ríos.
El hombre no hacía caso. Seguía trabajando; trabajaba día y noche. Sus martillazos se escuchaban más allá del horizonte. Asustaban a los chacales y a las sierpes, y turbaban el reposo del beduino.
–Estás loco –le decían todos–. Los puentes son para cruzar los ríos, y en el desierto no hay ríos.
El hombre trabajaba más. Tenía un sueño, y el que renuncia a su sueño es como si renunciara a su ser.
Un día el hombre terminó su obra.
En ese mismo momento un río de aguas sonoras y cristalinas empezó a fluir abajo de su puente, en medio de las arenas del desierto.
¡Hasta mañana!...